
Cómo utilizar correctamente las lámparas UV de alta potencia En teoría, las lámparas UV-C son bastante sencillas de usar: emiten luz con una longitud de onda de 254 nm para destruir el ADN de los microbios. Pero cuando se integran en un sistema industrial, no basta con aumentar la potencia de la lámpara. Lo importante es saber cómo se comporta esa luz en el ambiente y, lo que es más relevante, cómo afecta a las personas que trabajan cerca de ella. El equilibrio entre potencia y calor Nos centramos en los picos de energía por centímetro cuadrado ($\mu W/cm^2$). Si lo que se desea es eliminar los gérmenes de una superficie, se trata de resolver un problema matemático simple: ¿cuán intensa es la luz y durante cuánto tiempo permanece activa? Pero aquí está el problema: cuanto mayor es la potencia, mayor será el calor generado. Si la carcasa de la lámpara no cuenta con un flujo de aire adecuado, el revestimiento de cuarzo se sobrecalentará. Cuando esto ocurre, el pico espectral de la luz cambia, y la eficacia de la lámpara para eliminar gérmenes disminuye drásticamente. Es una forma frustrante de perder eficiencia. Proteger a las personas Seamos realistas: los rayos UV-C son perjudiciales para la piel y los ojos. Por eso, diseñamos nuestros dispositivos con interruptores que permiten apagar la luz de inmediato. De esta manera, se evita que la luz se filtre hacia el área de trabajo. Para evitar esto, utilizamos revestimientos de aluminio o policarbonato opaco a los rayos UV. Tenga en cuenta que, si utiliza lámparas de alta potencia, necesitará revestimientos más gruesos para proteger a todos. Los sacrificios que hay que hacer Las lámparas de alta intensidad son útiles porque acortan los tiempos de esterilización. Pero no son mágicas. Si se operan a voltaje máximo las 24 horas del día, se agotarán más rápidamente. Otra consejo: si utiliza numerosas lámparas, asegúrese de encenderlas de forma secuencial. De lo contrario, es probable que sus disyuntores se apaguen en cuanto active una de las lámparas. Además, estas lámparas no duran para siempre. La eficiencia de las mismas comienza a disminuir después de unas 8,000 a 10,000 horas de uso. No le diremos que duren toda la vida, porque eso sería mentira. En cambio, le proporcionaremos una curva de degradación predecible. De esta manera, podrá reemplazarlas a tiempo antes de que su eficiencia disminuya demasiado.